I
LUNAS NEGRAS
Mordisqueaba con dientes felinos
tus muslos robustos, alimentados
por visiones de hermetismos castrados
y gélidos aromas femeninos.
Amortiguaba el color de los finos
lirios absorbiendo, libre, contados
espasmos de sudorosos y cayados
higos; culpando a todos los vecinos
de la crueldad de nuestro sensualismo,
llanto bajo lunas negras surgido
de la oración de absurdo patriotismo;
que se enfrentaba de pie a mi lirismo
e impulsaba tu voz hacia el abismo,
origen del ruego de un dios caído.
II
SEBASTIÁN
¡Qué voz es esa que osa, destructora,
vulnerar a Dios con falacias cojas!
¿Qué voz se atreve con falsa señora
a herir la dulce madre de las hojas!
¿Por qué tolerar las locas congojas
de la sodomita difamadora,
si descompone las cebollas rojas
en cenicenta cabría de aurora?
Sebastián desnuda con osadía
el alma clandestina de su higuera.
Avieso, con flechas de cetrería,
arrojando laureles a la hoguera,
llora y clama con sumisa elegía
al amor en oscura madriguera.
III
INTENCIONES
Quiero dejar atrás miedos y engaños
que castraron mi dicha durante años.
Perder la razón juntos, con tu pierna
y la mía en viva erosión eterna.
Quiero volver a sentir los castaños
robustos, no ocultos. Subir peldaños
construidos desde mi paz interna
sin necesidad de miedosa cierna.
No puedo vivir intenso y castrado.
Quiero beber cristales de tu boca.
Derretirme con aliento probado
entre la pieza erecta que disloca
mis huesos,entre la mano que toca
y eriza mi núcleo consternado.
IV
INCONSCIENCIA
Esperé ser otro hombre equivocado,
que se licuaba los días lluviosos
al sentir que estabas al otro lado
del espejo, sudando brazos celosos
de porcelana, llenando el tostado
diván de pulidos y sudorosos
aceites cártamos, desesperado,
y especificando cantos lechosos.
Ansié abrirte el candado prometido
de mi consciencia. Romper mis cristales
carmesí y abjurar de su sonido.
Evadirme, sin pausa, por caudales
de tinta azul y lánguido chillido
para desangrarme con tus puñales.
V
TU LLEGADA
Ayer un sueño de pelo enredado
en mis calmos brazos me poseía,
me alentaba con espasmos y erguía
mi cúbito somnoliento y calmado,
bajo el influjo del color dorado
de una noche sin los perros guía
sedientos, que esperaban al amado
tras los barrotes de mi noche fría.
Ayer llegaste con sonrisa rosa,
coloretes de plácida delicia,
guardando en el bolsillo la avaricia
del placer y el afecto, apetitosa
llave para explorar la estrepitosa
guarida que te esperaba en Galicia.
VI
CÚBICO Y CUADRADO
Soy un hombre aislado, quebrado. Ánima
que se bebe babas de caracoles
en vasija griega tostada, calima
pintada por el llanto de tres soles.
Soy poeta que se remonta con lástima.
Pendiente de quien se come las coles.
Cúbico y cuadrado. Alma atroz, última,
saturada de bocas rojas, mármoles
carmesí y matices verdes, unidos
a golondrinas huidas, pegadas
a tus fríos pies donde habitan nidos,
nacidos de miserables camadas
de dos hombres recios y desnutridos
y locas mujeres ensangrentadas.